Si tuviera que imaginarte ahora serías esa composición de
cada momento que nos has regalado, como cuando nos llevabas al huerto a plantar huesos de cereza
con la esperanza de que creciera algo, o nos acompañabas a rellenar la boteja. Serías
alguien que recorrió una vez 24km en 20 minutos, según asegurabas en las largas
sobremesas después de la cena. Esa mirada tras comer para obtener algo
laminero, ya sabes, “pa quitar el gusto”. La tranquilidad, la serenidad y el saber
estar. El dar todo y más, por los tuyos. Un periódico separado hoja por hoja y
vuelto a juntar. Unas gafas mal puestas y un pelo blanco casi siempre
alborotado. Un “me quedo aquí sentado, a tu lado, hasta que te duermas para que
no tengas miedo”. Unas notas de un cumpleaños feliz a los 90. Serías (eres) un “sobre
todo, sed buenas personas”.
