Tras unas cuantas clases de
social, de hablar de estereotipos y de escuchar música, he estado pensando el
papel que cumple la mujer en esta sociedad. Muy variado sin duda, desde sumisa
ama de casa hasta ejecutiva luchadora, pasando por escritora, política,
prostituta o modelo. ¿Qué tiene que ver la música? Que ha centrado mi atención
en el verdadero estereotipo que parece encajar con nosotras.
Y es que no hay mujeres que nos
representen mejor que Ana, Penélope o la
loca del Muelle de San Blás. Si, señoras, sí. Mujeres que se enamoran locamente de alguien y que le esperan, le esperan y le vuelven a esperar, con la ilusión
de que vuelva y le den ese amor que reclaman. Así nos lo explican Mecano,
Serrat y Maná.
Sentarse, preferiblemente de cara
al mar, aunque se aceptan estaciones de tren, y mirar al horizonte con los ojos
llenos de besos, caricias y tequieros. Actitud que roza la locura, bueno, no,
que es locura en sí misma. Chicas que se aferran a una persona con la
expectación del regreso de su amor.
Ahora bien, ¿cuál es el papel que
ellos representan? Eso todavía no lo tengo muy claro. Bien sea porque el mar le
tiene preso, porque ella no lo reconoce (nunca he acabado de entender la
historia de Penélope, tan mona ella con su bolso de piel marrón, sus zapatos de tacón y su vestido de domingo), o porque su
barco se hunde, pero ellos no regresan. Ellos no vuelve nunca, y ellas se
quedan solas, siguiendo esperando. Tristes pero aferradas a su vuelta, con la
única compañía de sus recuerdos y su locura.
¿Moraleja? ¿Acaso la hay? Puede que
quieran mostrar como el amor nos arrastra a las mujeres hasta la locura a tal
punto que morimos por ello, como seguimos luchando cuando la guerra está más
que perdida. Al menos en Romeo y Julieta o en los Amantes de Teruel la cosa era
recíproca. Aquí, o mueren todos o no muere ninguno… ¿qué es eso de que una se
torture y se autodestruya mientras que el otro está en otro puerto con otras
muchachas?
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