jueves, 23 de mayo de 2013

Transversal


Llaman a la puerta, ¿serás tú? Pues sí, resulta que eras tú, cómo son las circunstancias, sin prevenir lo inevitable. Quería recordarte que si caímos en picado es porque a veces fuimos nubes con la mente, pero no fue suficiente, esa noche el fue muy cruel, empezó despidiéndose.

Ya empezó el segundo asalto, y esperé el gran impacto, cuando tú me confesaste que si leyera tus ideas pensaría que eras el hombre equivocado. Llegando a la conclusión de que en el fondo me imaginaba que tu reinado era falso, pero claro nos encantan las mentiras si están dichas de verdad, y eso, a ti, se te daba de lujo. Yo seguía pretendiendo congelar cada instante sabiendo de antemano que eran los últimos.

Si pudiera transformar nuestras noches en un ciclo sin final. Podría ser tan fácil, sería espectacular si fueran reversibles aquellas noches de incendio. Que iba yo hacer, ya no se podía sacar llama ni fuego de donde no quedaban ni siquiera cenizas, por lo que decidiste que ya no hay ganas de seguir el show, ni de continuar fingiendo, porque nadie es puro en verdad, tan solo un mito o un tipo suicida.

Así que ahí me vi, no hay frenos ni hay dirección, así me vieron, creo que ha perdido el control. Dialogando con mi interior: “corazón, vas muy mal, ni siquiera me hablas, hoy no sales si no es a rastras”. Y ahora que soy medio dos y el antídoto es peor que mi adicción a ti. Vertical sin transversal.

Y al preguntarme si estaba más animada, inspiraba y decía que al irse él entraron tinieblas, son mudas, densas. No se puede evitar donde aún vive el monstruo y aún no hay paz. ¿De qué me sirve salir de esta inmensa ciudad si de quien pretendo huir seguirá dentro de mí? Y eres tú, y eres tú. Si puedo escapar es con la mente.

Me quiero evaporar entre la gente, pero no funciona si cada vez que me quiero ocultar, tú me conviertes en gigante. Maldita nieve de este largo enero, nos cubre el hielo de un silencio aterrador.

- ¿Que cómo es mi vida sin ti? Pues sin ti sí que es vida. Libre por fin, ya sin ti, aleluya la mía. – y me escabullí subiéndome a uno de esos coches blancos que antes nos había llevado juntos, y al subir al taxi mis palabras son vapor de cristal y me dejo el alma cuando escribo en la ventana: "que sea cierto el jamás". ¡Oh, cállate! Dedico que voy a romper las ventanas para que lluevan cristales, pero los trozos solo me enseñan partes de mi vida como piezas de un gran tetris que nunca encajan muy bien. Es como si andara siempre en espiral.

Entonces grité mientras el coche se alejaba que quizás te estoy mintiendo, resulta que no puedo aceptar que aún te echo de menos y que este menos vaya aún a más. Pero ya estabas lejos para oírlo y aún así no lo hubieras escuchado. En amplias avenidas busqué tu felina sombra. Creía verte en cada arcén.

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