Soñé que cuando me giraba, entre la gente, eras tú, y los sueños se hicieron realidad y
me dije “sí, ya lo verás”.
Llegó ese día frente al estadio ya cantaba sus temas, y así demostramos que las primeras filas eran nuestra obsesión. Encontrándonos allí, decidí que quería arriesgarme a conocerte, y así andar por los cables, porque ni tú ni yo nos conformamos fácil. Creí, pensé, que “puede que, en realidad, sea como tú; puede que, en realidad, seamos únicos”. Y generé más tensión y me hice nudos de inaudita opresión cuando empecé a notar un deseo inhumano hacia ti. Resultó que llevábamos tiempo esperándonos y es que esta noche prohibimos del todo fracasar.
Llegó ese día frente al estadio ya cantaba sus temas, y así demostramos que las primeras filas eran nuestra obsesión. Encontrándonos allí, decidí que quería arriesgarme a conocerte, y así andar por los cables, porque ni tú ni yo nos conformamos fácil. Creí, pensé, que “puede que, en realidad, sea como tú; puede que, en realidad, seamos únicos”. Y generé más tensión y me hice nudos de inaudita opresión cuando empecé a notar un deseo inhumano hacia ti. Resultó que llevábamos tiempo esperándonos y es que esta noche prohibimos del todo fracasar.
Lentamente y deprisa, declarándome tu euforia
y tu incondicional. Y en el bar La Bohemia fue la primera y tercera vez, de esas tantas que nos amamos.
Empezaron las noches de incendio y calor, mucho calor. Acompañadas de mañanas inolvidables como
todas las que pasan en un parque.
Hoy el fin del mundo es tu habitación. Donde jugábamos a encontrarnos
cuando me perdía en tu universo, de noches fugaces y días extraños.
Tú me susurrabas dulcemente al oído “yo mataré monstruos por ti”,
ilusionada como la niña del cuento te contesté “alégrate,
lo has conseguido, los días sin ti serán precipicios”. Precipicios de los cuales no se veía
el fondo, no había manera humana de escapar, y mucho menos ganas de hacerlo.
Con la esperanza de que si de verdad me caía bajarían tus labios y me
callarían.
Y empezó aquel rumbo incierto, que parecía conocer muy bien, pequeña
inmensidad, dulce anestesia. Vertical, sin transversal, saltamos vallas de
seguridad. Nos subimos
a un taxi en 1999 empezando un viaje posible hacia un no-lugar donde podíamos aspirar a todo y
nada. Optando por el
todo, porque por lo segundo ya estabas tú ¡Oh muérete! A pesar de que tal vez ¿has pensado en renunciar? Yo aún
no. Y aun así... pienso quedarme hasta el fin.
Segunda parte. Tranversal.
Segunda parte. Tranversal.
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