Insufrible porque siempre tienes que aparecer tú. En la
sombra de ese edificio, en los golpes de ritmo de las canciones, en las olas de
la playa, en el sonido del cierzo, en las historias de los demás y en las
propias, en los sabores del verano. Insufrible porque te has ido pero aun estás
ahí.
(des)amores directos al corazón y a quemarropa
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