Hace casi tres meses que vine a Perú, a Callao. Llevo todo ese tiempo trabajando aquí como psicóloga, principalmente con mujeres, aunque también con niñxs y con abuelitxs. Después de tres meses, las percepciones han ido cambiando, han pasado muchas cosas y he decido que las tenía que compartir, que el blog va a cambiar de temática y que es el espacio para poder contar todas las historias que estoy viviendo.
¿Por dónde empiezo? Creo que lo fundamental es contextualizar y explicar la situación del Callao.
Un viaje en avión de 12 horas y unos 9.000 km separan a Lima de España. Montañas, bosque, océano y tierras bajo del avión hasta que tienes un mar de nubes debajo de ti, la panza de burro le llaman aquí, esa manta de agua que siempre cubre la capital del Perú y nunca llega a caer. El pájaro de carbono la cruza, y después de más de 10 minutos atrapados en la niebla, por fin aparece, de repente, la ciudad de Lima, luces, el mar, un puerto, edificios, coches diminutos, vaya lo típico que ves cuando vas en avión y estás a punto de aterrizar.
Va bajando, te aproximas al suelo, pero la realidad es distinta a todos los aterrizajes que yo había vivido (la gran gran mayoría en Europa). Se ven calles sin asfaltar, casas pequeñas, desestructuradas, nada de edificios altos, techos de latón y paredes de madera. El aeropuerto está en Callao. La imagen real de está región se hace patente cuando nada más salir de aeropuerto se ven los coches, la gente, la vida real.
Callao es una ciudad que está justo al lado de Lima, sin un límite real, ya que están totalmente pegadas. Es una de las zonas más pobres del Perú, pero no destaca tanto por su pobreza (ya que las zonas rurales suelen estar menos favorecidas económicamente), sino por la violencia y la delincuencia.
Las dos zonas más vulnerables dentro del Callao son Zona Sur, más conocida como los barracones, y Ex-Fundo San Agustín, dónde está uno de los penales más peligrosos del país. El crimen organizado, el tráfico de drogas, los sicarios, las bandas callejeras de todo el Perú, todo, ser organiza desde allí.
El día que llegué, hacía una semana que habían asesinado a un niño de 13 años a 8 balazos por ajuste de cuentas entre bandas de narcos. Al día siguiente, un menor de 14 fue asesinado con su propia pistola por un taxista al que el chico había intentado atracar a mano armada.
Las indicaciones que te dan al llegar son: no lleves bolso, no saques el móvil en la calle, no te pongas collares, pendientes, relojes..., evita zapatillas de marca, mejor que tu chaqueta no sea de un color llamativo, más allá de las 6:30 de la tarde no salgas de casa, si vas por determinadas zonas ve siempre con alguien del barrio, ve siempre con el chaleco de la organización (que sin ser antibalas, es la protección fundamental), no contestes si te dice algún comentario desagradable algún hombre desconocido... y otro tipo de recomendaciones por el estilo. La sensación de seguridad desaparece completamente, la tensión es continua y tus ojos miran a todos lados buscando alguna amenaza.
Creo que os hacéis una idea, ¿no? Esto sería una primera descripción de la sensación al llegar, de la vida del Callao, y es una breve y vaga descripción. Poco a poco quiero ir contando situaciones e historias con las que me he encontrado aquí, sensaciones y vivencias, me gustaría que fuéramos más conscientes de lo que pasa al otro lado del mundo, porque la realidad es mucho mucho más dura de lo que yo pueda escribir aquí.
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